En escenarios de volatilidad económica y presión presupuestaria, muchas empresas con activos físicos que proteger, tales como plantas industriales, locales comerciales, centros logísticos, infraestructura críticos, así como también organismos del sector público caen en el error de observar a la seguridad como un gasto a recortar. Esta forma de ver puede privarlas de importantes oportunidades, ya que las nuevas soluciones impulsadas por IA suman un valor fundamental y tienen un impacto directo en los resultados.
Hoy, tecnologías como la videovigilancia con inteligencia artificial, el control de accesos y las comunicaciones críticas están dejando de ser herramientas reactivas para convertirse en plataformas de eficiencia operativa y gestión de riesgos. En este contexto, la discusión ya no pasa por cuánto cuestan estas soluciones, sino por qué valor generan.
Según un estudio de Omdia, más del 85% de las organizaciones logran un retorno de la inversión en menos de un año en soluciones de analítica de video, y el 69% de los usuarios finales considera que se trata de una inversión financieramente rentable.
En la misma línea, distintos análisis del sector y casos de implementación muestran que los sistemas con inteligencia artificial pueden alcanzar retornos del 200% al 400% en períodos de 18 a 24 meses. En el segmento retail, incluso, se registraron retornos cercanos al 399% en cinco años, combinando prevención de pérdidas y eficiencia operativa.
Múltiples fuentes de valor
El valor de estos sistemas se explica por distintos factores. Por un lado, la reducción de pérdidas, ya que la sola presencia de videoseguridad visible puede disminuir entre un 20% y un 30% las mermas. Otro factor clave es la optimización de costos operativos, dado que la automatización permite mejorar la eficiencia en la asignación de recursos y reducir costos asociados, manteniendo cobertura continua.
A lo anterior se suma el impacto en la eficiencia y la productividad, ya que la combinación de analítica e integración puede mejorar los tiempos de respuesta entre un 60% y un 80%, automatizar tareas y liberar recursos para funciones de mayor valor.
Además, existen beneficios menos visibles, pero igualmente relevantes, como la reducción de la exposición a riesgos legales y de cumplimiento normativo. También hay impactos financieros indirectos derivados de descuentos en seguros, menor tiempo de inactividad y mejoras en la continuidad operativa.
Un cambio de enfoque clave
Para los encargados de tomar decisiones, el desafío no es solo invertir, sino justificar esas inversiones con criterios de negocio. Esto implica pasar de una lógica de CAPEX a un enfoque basado en costo total de propiedad y generación de valor, definir indicadores financieros claros —como pérdidas evitadas, eficiencia operativa o reducción de costos— y vincular cada decisión con los objetivos estratégicos y la gestión de riesgos de la organización.
A su vez, los modelos flexibles, los despliegues graduales y las soluciones en la nube permiten reducir barreras internas y acelerar los procesos de aprobación.
En el escenario actual, postergar inversiones en seguridad implica mantener riesgos y sumar vulnerabilidades. También lleva a sostener ineficiencias y a perder oportunidades concretas de optimización. Todo ello se puede evitar con un cambio de foco centrado en el valor.En el escenario actual, postergar inversiones en seguridad implica mantener riesgos y sumar vulnerabilidades. También lleva a sostener ineficiencias y a perder oportunidades concretas de optimización. Esto aplica tanto a organizaciones privadas con operaciones físicas como al sector gobierno, que lidera la adopción de estas tecnologías a escala. Todo ello se puede evitar con un cambio de foco centrado en el valor.